No puedo olvidarme de tus zapatillas rojas.
De aquella cita todo lo demás está casi olvidado.
Apenas recuerdo tu mirada ni el eco de tus palabras resuena lo más mínimo en mi memoria descarriada.
Tampoco de tus labios tengo ningún recuerdo.
Ni el deseo de besarte, que seguro que sentí cuando estabas a mi lado, ha perdurado en el tiempo.
Pero de tus zapatillas rojas no puedo decir lo mismo.
Tus inolvidables zapatillas rojas me persiguen sin descanso más fieles que mi sombra.
Tus zapatillas rojas duermen y se despiertan conmigo y te mentiría si no reconociera
que ya les tengo mucho cariño.
Xavi