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miércoles, 13 de junio de 2012

El viejo farero - El café porteño de Susana Inés - Del Blog "En la soledad del faro"


Aquí puedes oír la grabación, mientras lo lees. 






El café porteño de Susana Inés
By El viejo farero


Hace unos días se lo decía a ella en su blog: le hablaba de mi mala memoria, de que no recordaba si ya se lo había contado antes y, por si acaso, se lo contaba, tal vez por segunda vez. Ahora, aquí, en la soledad de mi faro, quiero contar la misma historia, un poco ampliada pero igual de sincera. Veréis… hace un tiempo, cuando los problemas me ahogaban me escapaba a la marisma. Dejaba atrás los pocos pueblos que hay en la carretera y seguía por caminos de tierra unas veces polvorientos, otras llenos de barro y de charcos. Al final terminaba en un lugar donde lo único que oía era el rumor del viento, el canto de algún jilguero, el crotorar de las cigüeñas y en tardes de tormenta los truenos y la lluvia en los charcos, en los esteros… No sé si buscaba la soledad o me buscaba a mí mismo, pero la marisma era una puerta que me permitía entrar dentro de mí, hablar conmigo mismo y dejar fuera al resto del mundo. Después volvía, siempre despacio, sin prisas; todo era diferente. No volvía más feliz, ni siquiera más contento, simplemente volvía relajado, en paz.


Hace tiempo que no me escapo a la marisma, tal vez porque hace tiempo que no lo necesito. Pero hay ahora otro sitio que, cuando lo visito, me produce la misma sensación, la misma paz, el mismo bienestar. Ahora mi marisma tiene la forma de un blog maravilloso. He cambiado el sonido de la lluvia, el del viento y el del canto de los pájaros por una música que embriaga, que envuelve y atrapa. Y he cambiado el paisaje infinito y abierto de la marisma, sin montes, sin bosques, sin edificios, por unas letras que rezuman sensibilidad por todas partes. Entrar allí es entrar en un viejo café porteño. Me siento en una mesa con su tapa de madera vieja y gastada por los años, una luz tenue, una taza de café, una pareja que se besa a escondidas en un rincón, una mujer que canta, que recita, que susurra, que es un corazón con formas de mujer… Se llama Susana. 
Algunas veces no entiendo bien lo que dice pero me sigue gustando su tono, su ritmo. 
Es como aquellas canciones cantadas en un idioma que no entendemos y que a pesar de ello tarareamos una y mil veces, como aquel cuadro que no sabemos qué representa pero del que no podemos apartar la mirada. Son las letras de Susana Inés.


Si buscáis paz visitad su sitio. Si buscáis ternura id donde ella. Si añoráis sentimientos visitadla. Posiblemente os pase lo que a mí y cuando lo hagáis ya no necesitéis marismas, ni cigarrillos a medianoche, ni mirar la tele esperando sentir algo al ver una película. Si la sensibilidad mora en un espacio sólo puede ser donde escribe Susana.
Gracias mi amiga porteña por tu puerta a mi interior.


El viejo farero.
16 DE MAYO DE 2012