¡Me
quemas! ... ¡Me calcinas!
Mis
poros anegados por tus aguas
No
logran silenciar mis llamas
Mis
poros aun gritan tu nombre
Sin
que tú lo sepas.
Mi
sombra aún busca la tuya
En
algún rincón de mi alma
Aún
no transmutada.
¡Este
amor
Es
como un Cristo
Que
sin ser Cristo
Muere
y resucita!
He
hurtado al alfabeto
Las
letras de tu nombre
Se
han clavado cual dardos
En
mi mente cristalina.
Se
balancean jadeantes
En
columpios de ensueño
En
jardines colgantes
En
mi pecho palpitante.
Cuando
la mar descosa
Sus
redes de hielo
Y
laven de espumas
Su
traje de nácar
Yo
iré a la otra orilla
A
buscar caracolas
Y
esconder en sus vientres
Tu
nombre otoñal...
Para
que la tormenta por voraz que sea
No
borre jamás tu nombre en la sal.
¡Hasta
cuándo se cansará este mar
de
balbucear tu nombre!
Aún
el río estilizado
En
cada curva que socava
Va
esculpiendo tu nombre
Para
que no te olvide.
Después
de cada nudo
Que
ciñe su corbata
El
río la desata y deja deslizar
Entre
los peces
Las
letras de tu nombre.
¡Hasta
cuándo se cansará este río
De
balbucear tu nombre!
Ceciely
De
mi libro "Murmullos" 1997
