
No digas nada
By María Fernández Cuello
No digas nada, no pienses.
No dibujes en tu mente tormentas que no rayaron.
Sólo mírame a los ojos, dibújame los labios con las manos, tañe mi pecho de tus ansias,
revuélveme el cabello, señálame la piel, deja que el latido de tu corazón abrace mi cuerpo desnudo de velos, vestido de deseos, anhelante de caricias, que te entrego sin sombras, sin dudas, cada noche, cuando la carne arde en el resplandor de una llama que se quema infinita,
cuerpo de mi cuerpo, entraña de tus entrañas,
zénit de tu aurora, en el margen eterno del último suspiro,
arenal de éxtasis sin fin que grabará la memoria de los amores eternos.
No digas nada, acércate… y fórjame.
Sólo mírame a los ojos, dibújame los labios con las manos, tañe mi pecho de tus ansias,
revuélveme el cabello, señálame la piel, deja que el latido de tu corazón abrace mi cuerpo desnudo de velos, vestido de deseos, anhelante de caricias, que te entrego sin sombras, sin dudas, cada noche, cuando la carne arde en el resplandor de una llama que se quema infinita,
cuerpo de mi cuerpo, entraña de tus entrañas,
zénit de tu aurora, en el margen eterno del último suspiro,
arenal de éxtasis sin fin que grabará la memoria de los amores eternos.
No digas nada, acércate… y fórjame.