Poema dedicado a la escritora brasileña que vive en Portugal, Tania Alegria, con mi placentera admiración por su conocimiento del arte de la traducción, que penetra como aroma de selva preñada en mi poema, y lograr su revelación al portugués.
Leticia Garriga Pérez-Tejada
Leticia Garriga Pérez-Tejada
Soy
la brillantez de la nube
que se transforma perezosa en gris
y atormentada
descarga su ira
y ahoga la hierba por capricho
Me visto del color de mi otoño
y transformo en imágenes mis deseos
El lila serpentea el litoral de mi cuerpo
y languidece colgado de mi sueño
Del olivo brillante y maduro
se desprendieron una tarde de cosecha
los iris transparentes de mis ojos
Un terracota viste mi sexo
es como un día de amor
entre dunas y palmeras de dátiles dulces
en el regazo del desierto
De rojo se impregnó mi cabello
como fuego atrevido que desata el deseo
Al durazno
se le cayó la piel
se prendó de mi vergüenza
y se asoma en mis mejillas
cuando alguien mira en mi interior
Soy el lapislázuli
que se esconde en la entraña de la mina
y cobra vida cuando se desviste
Azul ultramar
peina mis deseos
de rizos espumosos y frescos
Tengo verde el corazón
como luz fosforescente
de luciérnagas
que se prenden de los árboles
se deslizan en el viento
y tejen una red mientras el cielo duerme
Hay veces
cuando me corre el agua
del manantial en la piel
que reflejo el colorido de las guacamayas
que cruzan veloces el cielo
y se dibuja la selva en todo mi cuerpo
Soy tan naranja como mi lengua
vibrante y escandalosa
como la hojarasca cuando
la lleva el viento
y la cuelga del techo de mi casa
Amarilla
como el recuerdo del canario que se va
por el puente de su canto
e impregna las copas de los árboles
que crecen subterráneos en mi sueño
Los violetas del atardecer visten mis manos
con un ramillete de nomeolvides
que se marchita lentamente
entre recuerdos
En lo irremediable de los días
que se tienden al sol
hasta que los abraza la noche
soy la estación del invierno
Fría y gris cuando la llama se extingue
llueve
y mis lágrimas de azogue
caen al cristal del espejo
Cada día… soy un color
esperando alargar
el negro absoluto del último instante…
En un beso
la brillantez de la nube
que se transforma perezosa en gris
y atormentada
descarga su ira
y ahoga la hierba por capricho
Me visto del color de mi otoño
y transformo en imágenes mis deseos
El lila serpentea el litoral de mi cuerpo
y languidece colgado de mi sueño
Del olivo brillante y maduro
se desprendieron una tarde de cosecha
los iris transparentes de mis ojos
Un terracota viste mi sexo
es como un día de amor
entre dunas y palmeras de dátiles dulces
en el regazo del desierto
De rojo se impregnó mi cabello
como fuego atrevido que desata el deseo
Al durazno
se le cayó la piel
se prendó de mi vergüenza
y se asoma en mis mejillas
cuando alguien mira en mi interior
Soy el lapislázuli
que se esconde en la entraña de la mina
y cobra vida cuando se desviste
Azul ultramar
peina mis deseos
de rizos espumosos y frescos
Tengo verde el corazón
como luz fosforescente
de luciérnagas
que se prenden de los árboles
se deslizan en el viento
y tejen una red mientras el cielo duerme
Hay veces
cuando me corre el agua
del manantial en la piel
que reflejo el colorido de las guacamayas
que cruzan veloces el cielo
y se dibuja la selva en todo mi cuerpo
Soy tan naranja como mi lengua
vibrante y escandalosa
como la hojarasca cuando
la lleva el viento
y la cuelga del techo de mi casa
Amarilla
como el recuerdo del canario que se va
por el puente de su canto
e impregna las copas de los árboles
que crecen subterráneos en mi sueño
Los violetas del atardecer visten mis manos
con un ramillete de nomeolvides
que se marchita lentamente
entre recuerdos
En lo irremediable de los días
que se tienden al sol
hasta que los abraza la noche
soy la estación del invierno
Fría y gris cuando la llama se extingue
llueve
y mis lágrimas de azogue
caen al cristal del espejo
Cada día… soy un color
esperando alargar
el negro absoluto del último instante…
En un beso
Leticia Garriga Pérez-Tejada
