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El abuelo
empezó la tradición y mi padre me inculcó la importancia de la labor que
habíamos de desempeñar. Siempre pensé que exageraba, enhebrar el hilo para que
otros cosieran sus heridas, zurcieran sus rotos y bordaran con adornos sus
secretos más inconfesables, era una tarea harto sencilla. Con el tiempo y la
experiencia descubrí que no era así.
A fuerza
de mirar la vida por el ojo de una aguja, aprendí a enfocar lo importante en el
punto de mira, a aparcar los grandes problemas porque solo hay sitio para uno
cada vez y en tamaño reducido. Comprobé que siempre hay hueco para una sonrisa,
una caricia o un beso y que las puntadas que nunca se descosen son las dadas
con los actos más pequeños.
No me
falta trabajo, son muchos los que siguen empeñados en grandes batallas y
mayores glorias que, al final, vienen a mí para que les enhebre el hilo que
remiende sus miserias.
Escrito por Esperanza Temprano Posada
http://elrastrodelapalabra.blogspot.com.es/2013/03/el-enhebrador-de-agujas.html


