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viernes, 15 de marzo de 2013

TORRIJAS DE MI TÍA CARMEN















Hoy quería contaros que, para mí, la palabra “torrijas” encierra tantos sentimientos, tantos recuerdos de infancia…
Veréis, os cuento, adoro las torrijas; desde pequeña han sido mi debilidad y hasta que conocí las torrijas de mi tía Carmen, las de mamá eran “las mejores”. Ainsss, aun recuerdo como decía mamá: “Bah, pero si la tía Carmen no sabe cocinar, cómo va a saber hacer mejor que yo las torrijas”! Y es que la tía Carmen las dejaba mucho más mojadas y eso hace que se deshagan en la boca.
Mientras escribo estas letras he pensado que voy a llamar a mi tía y le voy a pedir la receta para que, si alguno queréis, podáis también probar “las mejores torrijas que hayáis probado nunca”.
Por estás fechas mamá se ponía manos a la obra y hacía bandejas de torrijas que, si podía evitarlo, no nos dejaba probar hasta que no hubiésemos terminado de comer. Solo de postre o merienda… pero que robábamos entre comidas para saciar el apetito y el alma. Eran torrijas que se comían con los ojos cerrados! Eso sí, de paso, le dábamos la vuelta a las más altas para que siguieran empapándose en el líquido de la base y estuviesen siempre “mojaditas”.
Un día, por estás fechas, en mi llamada diaria a mi madre le pregunté que para cuándo empezaría a hacer torrijas y ella con la voz extrañada me contestó: “Torrijas? Beatriz, qué es eso?” Dios mío, se me vino el mundo encima mientras intentaba que recordara, asustada y asombrada de la realidad… Ese día comprendí, se confirmó lo que ya imaginaba: Mi madre tenía Alzheimer.

TORRIJAS DE LA TÍA CARMEN

Una barra de pan del día anterior.
Un bol con leche fría, dos cucharadas azúcar y canela en polvo (remover bien).
Cortar la barra en rebanadas de dos centímetros más o menos, y un poquito atravesadas para que no quede en redondas.
Cada rebanada se hunde en el bol con la leche fría, que se empapé un poquito (para que no se deshagan) y, con dos tenedores, con cuidadito, se pasan a un plato con huevo batido para mojarlas bien en huevo y escurriéndolas en cada paso, pasarlas a freír con aceite que cubra la torrija (el fuego ni muy caliente para que no se quemen, ni muy templado para que no chupen mucha grasa).
Me dice que conviene escurrirlas en cada paso para que no chorreen mucho.
Una vez bien doraditas, se sacan a una fuete (sin papel). 
Se hace un almíbar, en un cazo, agua con bastante azúcar, hervir un poquito hasta que se haga almíbar. 
Dejar enfriar un poquito e ir mojándolas una a una y pasarlas a la fuente definitiva. 
Cuando todas están expuestas se espolvorean con una mezcla de canela y azúcar.-




miércoles, 13 de marzo de 2013

CARTAS SIN NOMBRE - Mirar - Del Blog "RETRATOS"




MIRAR


Mirar inunda. Dejarse inundar por los colores trocea el cuerpo en varias direcciones. El color que inunda la boca con el rojo, el azul que toca suavemente el pensamiento, el naranja que estalla en la risa y el verde que se posa con el calmo beso de las buenas noches. El blanco, tela donde el sueño se despliega, donde todos es posible, planicie donde el resto de colores se mezclan en una orgía de arcoíris. Y luego el negro, la muerte del pensamiento, el cuerpo flotando en la noche del mar.

Mirar inunda. Te veo revolver el azúcar en el café y me imagino todos tus mundos posibles.


PUBLICADO POR: CARTAS SIN NOMBRE - DOMINGO, 26 DE JUNIO DE 2011

http://40retratos.blogspot.com.es/2011/06/rostro-1.html

martes, 12 de marzo de 2013

Mª José Ferrer González - El tercer trimestre


El tercer trimestre

Estamos en el tercer trimestre del calendario.
Meses esperando,
hasta la luna sus fases ha cambiado.
Mi vida ya no es mi vida.
Sigo esperando.

Caballos negros y blancos
corretean por mis sentidos,
unidos en un canto.
Canto de esperanza,
de creer en sus palabras,
en sus promesas,
de entregarle mi vida
que, sin ella, ya no es nada.

¡Esperanza de Triana, a tu belleza me he rendido!
Te ruego y te pido que como tu nombre, Trianera,
esa Esperanza no sea olvido,
porque no quiero perder el sentido.

Una saeta lleva el aire en su sonido.
La Giralda, la Torre del Oro.
Sevilla entera se estremece con esos quejidos.

Lloran su sentir mientras el silencio
solo se rompe para aplaudir.

Las campanas doblan,
los tambores y trompetas acompañan esa saeta
que, salida del alma, dice
que mi Esperanza no sea olvido,
mientras esos caballos negros y blancos
corretean por mis sentidos.

Terminando el tercer trimestre del calendario,
galoparé en un caballo negro o blanco.
Si negro, hasta el cielo subiré para no volver…
Si blanco, habrá valido la espera,
mi esperanza se habrá cumplido
y será el fin de mi padecer.

Trianera,
¡Qué mi Esperanza como tu nombre… no sea olvido!

Autora: Mª José Ferrer González